Al pobre del estirao, un día lo convenció alguien que el maassa se iba a comprar un helicóptero, y que fuese haciendo un curso de piloto de helicópteros, para llevar al maassa de un sitio a otro.
Y el pobre como de costumbre, picó.
De interes para seguros, corredores, mediadores y agentes de seguros. La historia de las oficinas centrales de una Compañia de seguros en Malaga.
miércoles, 8 de febrero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
Al estirao le toca la loteria
El estirao, era objeto de gran parte de las bromas que solíamos gastar, y un día le gastó una su cuñado.
Lo llamó para decirle que les había tocado el premio gordo de la lotería, en un décimo que llevaban a medias. El estirao loco de contento, se despidió de la empresa, y se fue a la BMW a comprarse un coche, identificándose como premiado en la lotería.
Al día siguiente tuvo que ir a Guarnieri a decir que anularan el pedido, y en la empresa, a solicitar ser readmitido.
Lo llamó para decirle que les había tocado el premio gordo de la lotería, en un décimo que llevaban a medias. El estirao loco de contento, se despidió de la empresa, y se fue a la BMW a comprarse un coche, identificándose como premiado en la lotería.
Al día siguiente tuvo que ir a Guarnieri a decir que anularan el pedido, y en la empresa, a solicitar ser readmitido.
sábado, 14 de enero de 2012
La grua no se lleva mi coche
Un día al Maassa Reynols, le dió por comprarse un coche enorme, y por supuesto lo dejaba mal aparcado en la puerta de la oficina, que para eso era él el jefe.Una tarde estábamos de cerveceo en el bar de al lado de la oficina, a escasos metros del coche, y llegaron los municipales a ponerle el cepo (luego prohibieron el cepo), y no cabía, pues las ruedas eran mucho más anchas.
¿Qué muchachos, no se puede no? Les preguntaba el Maassa, desde la mesa del bar.
- No, pero llamaremos a la grúa, no se preocupe señor.
Cuando llegó la grúa, tampoco se lo pudo llevar, no recuerdo los motivos, pero posiblemente porque el coche era mucho más grande y pesado que la grúa de los municipales.
¿Qué muchachos, tampoco se puede no? Les volvía a preguntar el Maassa, desde la mesa del bar.
- No, pero lo multaremos, no se preocupe señor.
Y al final allí quedó el coche mal aparcado, y los municipales jodidos por no habérselo podido llevar, ni inmovilizar.
lunes, 26 de diciembre de 2011
El general west moreland
En la compañía, teníamos desde luego mucha mala leche para los motes. Había dos hermanos, que eran como los policías, el policía malo y el policía bueno. Uno de ellos era Jefe de Personal, lo que hoy vulgarmente se le llama Recursos Humanos, y que puso una frutería, pero eso es otra historia, que merece ser contada en otra ocasión.
El hermano bueno, era conocido como el General West Moreland, que existió de verdad, al mando de las tropas de los USA en Vietnam.
Le llamaba el general por un lado por el parecido al original, y por otro al hacerse unas tarjetas de visita de inspector general.
El hermano bueno, era conocido como el General West Moreland, que existió de verdad, al mando de las tropas de los USA en Vietnam.
Le llamaba el general por un lado por el parecido al original, y por otro al hacerse unas tarjetas de visita de inspector general.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Seguros Arguelles
Ya en 1984 y cuando estaba todo perdido por culpa de los inocentes funcionarios de la Dirección General de Seguros, y el cierre prácticamente echado, el Maassa llegó a una especie de acuerdo con otra aseguradora, para la cesión de la cartera de Aseguradora Al-Andalus, a Seguros Arguelles, de los madriles.
Tampoco hubo suerte, pues cerraron también Arguelles, alegando que la cesión de cartera debía ser previamente autorizada por la Dirección General de Seguros.
Una encerrona, para quitarnos del mercado.
Molestábamos.
Tampoco hubo suerte, pues cerraron también Arguelles, alegando que la cesión de cartera debía ser previamente autorizada por la Dirección General de Seguros.
Una encerrona, para quitarnos del mercado.
Molestábamos.
jueves, 8 de diciembre de 2011
broma ford fiesta verbena
Una de las primeras bromas que hice estando todavía en Aseguradora Andaluza, fue una composición sobre el anuncio en periódico de un ford fiesta. Lo recorté y añadí un nuevo modelo: el ford verbena, disponible sólo para empleados de seguros, y con unas inmejorables condiciones:
3 euros de entrada, y 6 euros mensuales durante un porrón de años.
No me dió tiempo a terminar la composición de fotocopias, entre otros motivos porque no teníamos fotocopiadora (ni nosotros ni nadie, que estábamos aún en 1980), y dejé el anuncio casi terminado en un cajón de mi mesa.
Por casualidad, ese cajón lo abrió el general west moreland, de quien más adelante hablaré, y lo mostró al personal, llegando al generalizado cachondeo cuando maicanita llamó a la ford, preguntando por la promoción, y le dijeron: señorita, me temo que le han tomado el pelo.
3 euros de entrada, y 6 euros mensuales durante un porrón de años.
No me dió tiempo a terminar la composición de fotocopias, entre otros motivos porque no teníamos fotocopiadora (ni nosotros ni nadie, que estábamos aún en 1980), y dejé el anuncio casi terminado en un cajón de mi mesa.
Por casualidad, ese cajón lo abrió el general west moreland, de quien más adelante hablaré, y lo mostró al personal, llegando al generalizado cachondeo cuando maicanita llamó a la ford, preguntando por la promoción, y le dijeron: señorita, me temo que le han tomado el pelo.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Insondable clave 80 carapapa
El pobre CaraPapa no le caía bien a nadie, tal vez por su prepotencia al ser cuñado de la primera mujer del Maassa.
Cuando se hacía un seguro, solía generarse una comisión para quien lo lograra, pero los que se hacían en la oficina, existía la obligación de ponerlo a la clave 80, y así se solía preguntar jocosamente:
· ¿pá quien es la comisión?
· Parra, se solía contestar.
Un inocente juego de palabras, con el que nos divertíamos.
Cuando se hacía un seguro, solía generarse una comisión para quien lo lograra, pero los que se hacían en la oficina, existía la obligación de ponerlo a la clave 80, y así se solía preguntar jocosamente:
· ¿pá quien es la comisión?
· Parra, se solía contestar.
Un inocente juego de palabras, con el que nos divertíamos.
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